Paso a paso, Alejandra

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“Juré no abandonar a la más difícil de mis conquistas, la soledad.” 

Intenté explicar racionalmente nuestro encuentro, pero no pude hacerlo. Tal parece, que debía conocerte de algún azaroso modo. Como a tantos otros te incluí en mi mundo, aconsejado por la curiosidad que a todo misterio me llamaba. Los tantos otros florecían y se marchitaban velozmente; vos eras una incógnita, una palabra desconocida. La prudencia y el tiempo me sugirieron abandonarte, pero surgiste repentina. Quizá la voz del silencio advirtió una mala decisión, en sueños fue a tu encuentro y la evitó.

 De mujer incógnita maduraste a mujer palabra, describiste un universo ajeno; te habías nutrido del saber matemático, exacto e inequívoco, que nunca supe comprender, al que deseaba regresar. Recordé amargamente a la gaviota enamorada del pez, pues amo la palabra como se ama a una mujer.

Opuestos intereses, afines en qué. Ni siquiera nos habíamos visto el rostro, cuando entre nosotros estaba presente lo inexplicable, el capricho de un astro, el vuelo de un ángel, un encanto de invierno.

 Fue inevitable negar a los ojos, el rostro y el cuerpo de la mujer palabra. Al vernos, experimentábamos las caricias ocultas de la mirada, e innumerables sensaciones secretas, nacidas de un puñado de coincidencias.

Lo inexplicable confesó ante mi corazón, te extrañaba. Sentí que el tiempo me alejaba de vos, empujándome a la completa oscuridad del recuerdo. Empecinado, construí una Alejandra ausencia, como si se tratará de un rompecabezas. Tomé, de las imágenes que atesoraba en mi memoria, tu fisonomía. Uní cada uno de los poros de tu piel, pinté cada lunar de tu rostro con suavidad, elegí oscuros ojos tiernos, caprichosas cejas, sedosos labios que aún no había besado, un cálido cuerpo que aún no había abrazado. Alejandra ausencia era sólo mi imagen de una hermosa mujer sin alma. Insatisfecho el deseo, destruí la marioneta.

 Me dije que te besaría. Acercaría mis labios a los tuyos, susurrarían sin rubor las palabras que dictaría mi corazón. Si fracasará en el intento, no dudaría en confesar que valió la pena enamorarme de Alejandra ausencia, la más bella imagen de tus presencias.

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Relato incluido en el libro Líneas (Ed. de los Cuatro Vientos, 2005)

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