Entrevista a Marita Rodríguez-Cazaux por “Las amantes son rubias”

Marita RC I

“El amor, cualquier amor, contagia, logra explayarse sobre quienes lo transitan y refracta a los que andamos por sus costados. Renovado, desprendiéndose de las repetidas letanías, nos incitará a estrenar emociones, sacudir el hastío.”

P.: Después de “Poesía congregada”, retorna a la narrativa con “Las amantes son rubias”. ¿Cómo surgió la nueva obra?

R.: Luego de la edición del poemario quise iniciar una novela y comencé a archivar todo lo escrito para que no interfiriera y no se mezclara con los nuevos personajes que me rondaban. Entonces, me puse a archivar cuentos del 2014 y 2015 y, al  hacerlo los volví a releer. Así  advertí que las protagonistas femeninas tenían un atributo en común: eran rubias. Y amantes, en el real simbolismo del término, es decir amadoras, amigas, amadas. Y quise homenajearlas, a ellas y a los amores; por eso el pórtico a los cuentos es un fragmento de El Cantar de los Cantares y una cantiga gallega del siglo XIII que habla del amor al Amado/Amigo/Amante.

P.: ¿Cómo ha sido el proceso de escritura?

R.: Diferente en cada cuento y, en todos, muy dinámico. Un proceso que se inicia al mirar alrededor y sintonizar con la imagen que llega como al descuido. Esa cualidad  me lleva inclusive a recrear las lecturas, así nacen cuentos como “El pájaro” y “Página 23, quinto renglón”, o a atesorar historias para dejarlas vivas como “Ajuste de cuentas”.

De todas maneras, hay procesos que no nos pertenecen cuando escribimos, se abren paso con voces que van llegando desde lugares extranjeros, tal como ocurrió con “La Meiga” y con “Flama”, como si viviera en otro cuerpo y en otra época. Desde luego, estoy convencida de que la mayoría se han escrito por sí mismos, trasvasados por sus personajes.

P.: El título vaticina infidelidades, ¿a qué se debe?

R.: Pregunta difícil… tanto que ni siquiera la pueden contestar con absoluta certeza los propios protagonistas de los relatos. Tal vez, porque ni siquiera puedan sentirse infieles. Es un hecho que ocurre y se muestra, sin otra intención.

Aspiro a que, finalmente, sea el lector quien reflexione, analice y decrete. Que sea él quien juzgue si el vaticinio del título tiene asidero. Siempre pongo esta inquietud en el lector, para mí es determinante en todos los avatares que se narran, al menos en los de mis cuentos. El lector es un confidente, lo necesito para que multiplique la historia, la modifique, la haga nueva. La vuelva mayor, la recree. Es quien le da vuelo a la palabra escrita.

P.: En algunos textos la rutina acaba con el amor, ¿es así?

R.: La rutina se me antoja que es una garlopa que adelgaza los sentimientos, esa imagen de filoso desguace  en un material tan noble y perfumado como la madera. Muchas veces un amor pleno, íntegro, se vuelve aserrín.

No puede negarse que despierta cierto temor el paso del tiempo en todo vínculo, y el transcurrir sin renovaciones, por inercia, es un pronóstico reservado. Por eso escribí sobre la monotonía, la costumbre repetida que desintegra la ternura o la pasión.

El amor, cualquier amor, contagia, logra explayarse sobre quienes lo transitan y refracta a los que andamos por sus costados. Renovado, desprendiéndose de las repetidas letanías, nos incitará a estrenar emociones, sacudir el hastío. A no perdernos ese milagro. Es como conjurarlo para que a todos alumbre. Ojalá.

P.:¿A qué público está dirigida la obra?

R.: Son cuentos para adultos, y espero que los disfruten y les sean atractivos tanto a mujeres como a varones, porque no están dirigidos a un público femenino solamente. Es un libro que puede convertirse en un obsequio para un hombre, la tapa es de un diseño atrayente y los sentimientos nos aúnan a hombres y mujeres por igual.

P.: Ha utilizado, en “El ruido del mar” y otros textos, distinta tipografía en representación de los pensamientos, ¿por qué ha implementado este recurso?

R.: Entiendo que es un recurso original, favorable para mostrar detalles que de otra manera no se visualizarían tan nítidamente; así, pueden evidenciarse sin perder ritmo narrativo.

Muchos detalles pasarían inadvertidos sin esa técnica, como la estridencia de una orden o un pensamiento recóndito. Puntualmente ocurre en el cuento “Menos”, donde sin esa viñeta no se interpretaría la sensación de cursilería que experimenta el protagonista. En “El ruido del mar” no podría lograrse ese desesperado fluir de emociones sin las diferentes tipografías.

P.: ¿Qué diferencia a “Las amantes son rubias” de sus anteriores obras: “De amores y desamores” y “Del glamour a la ciénaga”?

R.: “De amores y desamores” (Dunken, 2010) prologado por Beatriz Isoldi, dispuso diecisiete cuentos de realismo fantástico que tuvieron buena prensa y mucha suerte en la venta porque se agotó la edición. Fue un libro con buen oriente.  “Del glamour a la ciénaga” (2013), cuyo pórtico fue del literato gallego Hilario Fraga Potel con tapa del artista plástico Néstor Vega, sumó diferentes estilos y temas: los propios de nuestra idiosincrasia, camperos, costumbristas y otros que levitaron lo  humano, lo emocional. La miseria, lo sublime, lo filosófico. Es un libro entretenido y diverso.

En este último, traté de congregar avatares de mujeres rubias y en una atmósfera amorosa, no quiere decir que es romántico y destinado a las mujeres, por el contrario, yo espero que los varones sean sus lectores principales. Tanto espero eso, que la primera lectura crítica fue del talentoso escritor y dramaturgo Germán Cáceres, quien además tuvo la deferencia de prologarlo.

P.: ¿En dónde y cuándo presentará “Las amantes son rubias”?

R.: Se presenta el lunes 30 de noviembre en el salón de Editorial Dunken, el mismo sitio donde presenté todos mis libros, incluido el poemario “Poesía congregada” (2014), por una única razón: a mis libros les gusta tomar vuelo entre otros libros. Y  a mí me gusta que vengan los amigos al lugar donde trabajo.

P.:¿Qué la motiva a escribir?

R.: Todavía me lo pregunto, no hay una sola respuesta. Voy a ser imprudente y franca, creo que escribo porque no he podido ser bailarina ni monja. Me incita el papel esperándome, como si hubiéramos acordado una cita silente, casi mística, y la necesidad de subirme a un escenario -por los renglones- y arengar con voz y cuerpo desde la página.

P.: Por último, ¿qué es el amor?

R.: Para mí, la patria. El lugar de donde vengo y donde quiero morir. Por el medio, la vida.

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MRCMarita Rodríguez-Cazaux nació en Buenos Aires en el seno de una familia de emigrantes gallegos. Formada en Letras y Psicopedagogía, es poeta y escritora en lengua castellana y gallega. Ensayista, prologuista, antóloga, compiladora, dirige el taller literario “Andamios en tinta”.

 

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Obra literaria
Ensayos “Los niños y las niñas de la emigración gallega”, “Cartas de éxodos y lejanías” y “Las voces de los niños emigrantes”.
Integra la Antología Poetas Latinoamericanos (Editorial Imaginante – 2015).
Integra la antología Ecos del Grito de Mujeres Poetas Internacional (2014-2015).
De amores y desamores” Cuentos (2010).
Del glamour a la ciénaga” Cuentos (2013).
Las amantes son rubias” (2015).
Poesía Congregada”, antología que compila los poemarios “Pasos Desnudos”, “Luz raída” y “Pulso sensual” (2014).
Raigambre, versos de doble faz en el país de la Poesía” poemas en lengua gallega y castellana, de próxima edición.

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