Entrevista a Carla Demark por “Siete mil aleteos”

Carla A. Demark

“Si puedo traducir por un instante el horror de la guerra en un poema, ¿no hay algo que troca de las calamidades de esa realidad? Aunque más no sea para no acostumbrarnos a ellas jamás, aunque más no sea para ponerlas sobre el tapete gracias a los vaivenes expresivos que permite la poesía.”

P.: ¿Cuándo comenzó a escribir? ¿Cuál es su relación con la literatura?

R.: Comencé a escribir exactamente en el inicio de la adolescencia. Tal vez porque ése es el  cambio más vertiginoso de la vida. La palabra poética entonces se me impuso como una búsqueda de respuestas, incluso como un medio para hacer preguntas, y desde entonces nunca más me abandonó. Recuerdo que tuve algunas docentes sensibles que se ocuparon voluntariamente de leer mis poemas –eran realmente valientes-, y de corregirme, motivarme, allí mismo, en el pupitre del aula. Hoy sé que les debo mucho. Respecto de mi relación con la literatura, siempre me inquietó la humanidad, conocer el trasfondo de las personas, creo que el arte es la manera más genuina de hallar algo parecido a una verdad sobre cada quien, algo que brota mucho más allá de la racionalidad. La literatura, entonces, me convocó desde ese lugar. Tal es así que cada vez que terminaba de leer alguna obra, me ocupaba de conocer algo de la vida del autor, y ahí sí, comencé a ver cómo la literatura a veces habla de lo que la propia vida algunas veces calla.

P.:¿Qué autores la influenciaron?

R.:Bueno, un poco por formación y otro poco por placer, leí bastante. Algunas cosas a disgusto, claro está. No soy de las que cree que necesariamente todos los clásicos o autores reconocidos tengan que gustarte. Como decía mi tío, quien mucho sabía de vinos, el mejor vino es el que más te gusta. Lo mismo con la literatura o con cualquier arte –en síntesis, con todas las cosas de la vida. Es algo personal, íntimo, que tiene que ver con la conexión con determinadas temáticas o estilos. En mi caso, creo que cuando escribo lo hacen conmigo infinidad de voces, no sólo literarias, sino también la de algunos cantautores que admiro, la de los seres que me han marcado, la de las personas que amo o me han amado. Pero puntualmente en lo literario, me ha dejado huella el traslado a la palabra de la angustia existencial en la literatura de Kakfa y Pizarnik. Me conmovió la letra comprometida de Galeano, Rulfo y Miguel Hernández. Me entretuvo la genialidad creativa de Cortázar, García Márquez, Faulkner. Me atrajo la irreverencia de Girondo y de Baudelaire, la sencilla profundidad de Benedetti, la luminosidad de Hesse, entre tantos otros.

P.: ¿Cómo surgió el poemario “Siete mil aleteos”?

R.: Surgió desde la necesidad de dar a conocer en papel una selección de poemas que he escrito a lo largo de muchos años. No creo en la literatura que muere en cajones viejos o en máquinas frías. Tampoco considero que uno escriba para uno mismo, sino que siempre se trata de un puente hacia el otro. De otro modo, no nos preocuparíamos por ser entendidos, por expresarnos correctamente, por generar efectos a través de nuestras obras.

P.: ¿Por qué el poema “Siete mil aleteos” da título a la obra?

R.: Diría que fue al revés: es el poema el que surgió a partir del título del libro.  En realidad, luego de definir el nombre del poemario, que apunta a la potencialidad del vuelo, a la liberación de interioridades, tuve la necesidad de darle un sentido cabal a través de un poema.

P.: El poemario está dividido en cinco partes, ¿a qué se debe? ¿Qué hallará el lector?

R.: Se debe a que me gustó la idea de que el lector pueda elegir por qué áreas bucear, cuándo y cómo él lo desee. La poesía, en el mejor de los casos, suele generar un efecto en quien la lee, un impacto al sentir. En ese sentido, quise agruparlos de acuerdo a la intención poética que abarcan, al sentimiento al que apunté al escribirlos.

Creo que quien lea “Siete mil aleteos” hallará algunos temas que a todos nos conmueven: el amor, las partidas, la angustia, las injusticias del mundo; también encontrará algunas cuestiones más intimistas, pero que seguramente atravesarán sentires comunes. Además tropezará con una especie de homenaje a las palabras y a su poder transformador, tan revelador y profundamente humano. En cualquiera de los casos, mi deseo es que el lector pueda encontrar una poesía cercana y profunda.

P.: Presenta a la poesía como medio de transformación, de resurgimiento ¿Es la palabra el medio para un cambio interior y, al mismo tiempo, expansivo?

R.: No tengo dudas al respecto. La palabra a menudo puede conducirnos hacia caminos laberínticos, pero también es la única que nos rescata de ellos. Se trata de un elemento propiamente humano, eso no es ninguna novedad. Tal vez a partir de ella podamos primero hallar cuestiones internas que aún no sabíamos sobre nosotros mismos, del mundo y de nuestras relaciones, para luego ponerlas a flor de piel y darlas a otro. Por eso cambia primero el mundo interior, para luego expandirse en este puente misterioso entre autor y lector, del mismo modo en que lo hace entre dos seres humanos cualesquiera que se entreguen y se comuniquen a través de palabras sinceras y profundas.

P.: Algunas personas suponen que el poeta vive en un mundo de fantasía. Usted, en una parte de la obra, aborda realidades duras: niños en situación de calle, guerra, violencia de género, por mencionar algunas. ¿Qué la motivó?

R.: Bueno, tal vez el creer en un arte que contenga un compromiso social con su tiempo. En realidad, suelo pensar al artista como un transformador: si en el mundo actual, con todas sus injusticias, infamias, catástrofes hay quienes pueden hallar poesía, pintura, música en él –en el sentido real y metafórico-, ¿no están cambiando algo de ese mundo? Si puedo traducir por un instante el horror de la guerra en un poema, ¿no hay algo que troca de las calamidades de esa realidad? Aunque más no sea para no acostumbrarnos a ellas jamás, aunque más no sea para ponerlas sobre el tapete gracias a los vaivenes expresivos que permite la poesía.

 De todos modos, entiendo que la poesía ya habita en el mundo más allá de los poetas, ahí mismo, al lado de todas las tragedias. Está encarnada en aquellos seres que trabajan para que este mundo sea más habitable para todos. De lo que se tratará, entonces, es de seguir los pasos de ellos, con las herramientas con las que cada uno cuenta. En mi caso, la palabra.

Más allá de esto, la escritura es principalmente para mí  un modo de procesar algunas cuestiones. La poesía, particularmente, me resulta un canal propicio para preguntarme por algunas problemáticas, sentimientos o realidades que me conmueven, sin más pretensiones que ésas. Si luego algún verso, una estrofa cualquiera cumple el milagro de transformar algo en quien lee y en mí misma, entonces habrá cumplido un propósito elevado.

P.: ¿Apunta a algún público en especial?

R.: En general, intento escapar a la poesía rebuscada, hermética, con vocabulario ampuloso, alejado de la cotidianidad de la gente. Sencillamente porque no creo en que la poesía deba pertenecer a una élite de intelectuales, ni ser leída con diccionario en mano, ni dejar al lector atónito de sinsentido, sino que debe ser expansiva, poder ser comprendida por todos y por cada uno. Esto porque, en primer lugar, considero que si un poema no causa una sensación en quien lo lee, no ha cumplido su misión. Para eso, no hay que alejarlo de la calle, del lenguaje coloquial, de la sencillez. En segundo lugar, porque creo que para comunicar algo desde un sentir auténtico, para que pueda ser recibido por otro, es necesario no perder de vista el lenguaje que utilizamos a diario. El desafío será crear belleza, profundidad y conmover al lector a partir de él.

P.: ¿Dónde y cuándo presentará “Siete mil aleteos”?

R.: Habrá varias presentaciones, la primera y la más importante será en el salón de Editorial Dunken el 26 de abril de este año.

P.: Por último, ¿cuál será su próximo proyecto literario?

R.: Estoy preparando un libro de cuentos que se publicará antes de fin de año. El él, recorro algunas temáticas propiamente humanas. La mayor parte de los cuentos posee un matiz psicológico, para esto me sirvo mucho del poder evocativo de la metáfora. En otros, además, bordeo los senderos ambiguos del género fantástico.

Carla A. Demark IICarla Demark nació en la ciudad de Buenos Aires en 1979. Posee formación en Letras, Ciencias de la Comunicación y Psicología. Se desempeña desde hace varios años como asesora, crítica y correctora literaria. Coordina talleres literarios para adultos. Asesora a autores en forma personalizada para el seguimiento y la concreción de sus obras. Desde el año 2013 se desempeña como compiladora y presentadora editorial de obras inéditas (ROI) para editorial Dunken. Como poeta y narradora, escribe desde muy temprana edad, lo que la ha llevado a participar en diferentes certámenes literarios en distintos países. A partir de ellos, sus obras han sido publicadas en diversas antologías de cuento y poesía.

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Próximamente en Editorial Dunken:

Siete mil aleteos III

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