Prólogo a “El laberinto de los otros”, de Carla Demark

Carla Demark utiliza una prosa directa y clara.  Crea imágenes bellas: “El subte transita a paso lento y dúctil a través del nido de estaciones. La ciudad encolerizada tiene venas de tierra y sangre de aire” (Pasaje subterráneo), y de profundo desgarro: “Parecía una mujer joven, aunque deteriorada. Tenía la cara lijada por las arrugas llegadas antes de tiempo y una tez más oscura y opaca de lo natural, tal vez a causa de la acumulación de polvo” (Mendigos). Liga la tensión del texto al devenir de la historia o a las cualidades  de los personajes.

Introduce al lector con sutilidad, sin perder la agudeza ni juzgar, en la vida de los otros, de personajes inmersos en rutinas ordenadas o asfixiantes, en realidades o irrealidades, en laberintos íntimos donde, enfrentados a la bifurcación, deberán decidir, condicionados por el bagaje de sus experiencias, entre el sendero deseado y liberador, y el camino impuesto.

La mayoría de los cuentos transcurren en la Ciudad de Buenos Aires. Aparece como una urbe indiferente ante los más vulnerables, de transportes sofocantes y rutinas férreas. Alberga historias de amistades incondicionales, amores florecientes y truncados, roles invirtiéndose ante la desesperación, mujeres liberándose de los condicionamientos sociales, reflejos reveladores, obsesiones irrefrenables. Es punto de partida de viajes trascendentales, búsquedas y confirmaciones.

Por otro lado, la autora hace visible la indiferencia que golpea a los excluidos, que los desecha como si fuesen objetos inútiles, desprovistos de humanidad: “Uno es como una especie de sombra oculta detrás de la vida, pero a la que nadie jamás ve ni siente” (El pozo). Retrata sus sufrimientos, los vanos pedidos de ayuda y los momentos en que solo resta rezar.

Sus personajes, esos otros, son cercanos y nos rodean, basta con levantar la mirada o enfocar el interés. Y, quizá, baste tender la mano o prestar el oído para facilitarles el tránsito por sus laberintos.

Sin dudas, la obra pone el foco en instantes decisivos, en los que llevarán la existencia hacia la felicidad, la infelicidad, la apatía o la locura. Permitamos que Carla Demark nos guíe entre claroscuros, nos muestre senderos, encrucijadas y el final del camino.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s